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mariarodriguez

YO NO SÉ DESCRIBIR LO QUE SIENTO 19 NOV 2002

19 de Noviembre de 2002.

 

YO NO SÉ DESCRIBIR LO QUE SIENTO...

 

 

 

Doc,

 

te juro que si supiera lo haría, pero nadie inventó aún ni el perfume ni el color de las palabras que puedan describir lo que me haces sentir cada día de mi vida...

 

¡Qué hermoso soñarte tanto y tan bonito...!

 

¡Qué grande compartir tus risas y conocer tus sabores...!

 

El amor está lleno de las pequeñas cosas que compartimos y de los sueños que esperamos ver cumplidos. Y este amor es tan grande, el que sentimos, que caben cada una de las cosas que les sobran a los otros que tuvimos.

 

No sé hacer otra cosa que dar las gracias, cada día, en cada momento, porque existas para mí, al otro lado, por tener la dicha de disfrutarte. GRACIAS.

 

Me bastan los silencios que me regalas, las ausencias inevitables.

 

Ahora todo depende de lo que yo haga con lo que me resta de vida. Pero es fácil, porque elegí regalarte mi espera, soñar despacito a tu lado, tomarte la mano para hacer juntos el resto del camino, del mejor modo que sepamos hacerlo, restándole importancia a las piedras y sumando horizontes distintos en cada tropiezo.

 

¡Ojalá la envergadura de los problemas que afrontemos juntos no sea más grande que la voluntad inmensa, la paciencia sin límite y el espíritu de sacrificio!

 

Los nuestros son mundos de nostalgias distintas, donde el aire es ardiente y el resto no pueden entendernos. Y no elegimos porque sí este modo de vivir, sino que lo llevábamos impreso en el alma y sólo lo supimos al mirarnos a los ojos en Ezeiza, donde ambos entendimos sin darnos cuenta que este amor era distinto.

 

Por mi no te preocupes, sobreviviré intacta al desgaste de un destino incierto que asumo sin reservas, porque elegí este sendero para quererte siempre, incluso cuando me fallen las fuerzas. Y es que sé, que al pasar de los años, cada vez que me mires se me removerán muchas cosas por dentro, como aquel 21 de septiembre en que me juré quererte siempre.

 

No hay desmesura en mis sueños. No hay nada que no podamos convertir en realidad, aunque ahora no hallemos el modo de hacerlo.

 

Y no sé por qué te quiero, y si lo supiera no querría escribirlo por miedo a perderlo en el hilo de las frases que tejemos.

 

Me gustas. Mucho. Me gusta el sonido de tu risa, el brillo de tus ojos, tu forma de quererme, tus ganas de enseñarme, el modo en que me haces tuya, el silencio de tus caricias, la ternura de besos, las carencias de prisas al hablarme, los abrazos tibios, los sueños en voz baja, la chispa con que todo se convierte en hermoso al cantar de tus labios y esas ganas de decirme un “tequiero” a cada rato... Me gustas cielo. Y mucho.

 

Mi niño, aprenderemos juntos a sobrevivir a los inconvenientes y ayudaremos al otro cuando le falten las fuerzas para seguir apostando por esto que es sólo nuestro.

 

La historia de la humanidad está plagada de grandes historias de amor, de sufrimientos terribles que se vieron recompensados. La nuestra tiene el comienzo de un libro, la continuación de una película y el final feliz de las mejores cosas. Y es que sabe a chocolate y a esperanza.

 

 

¡Qué bonito me sabe quererte!

 

 

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