EL OTRO MODO DE QUERERTE 7 ABRIL 2002
Mi bien,
Si no fuera por los amaneceres que disfrutamos, por esos momentos de soledad compartida, esta historia no existiría.
Lo cierto es que la felicidad no es como dicen, es aún mejor cuando viene de las palabras que me escribes, y que se quedan sonando en mis oídos.
Siempre me han dicho que he de desconfiar, en principio, de las cosas que me hacen feliz, por eso no he de entregarte aún ni mis besos ni el pedazo de mi corazón en el que ahora vives.
Lamento pasarme la vida sacándole el cuerpo a la realidad, intentando no dejarme llevar con esas alas de ángel bueno de los sueños que se parecen demasiado a esta verdad que me asusta.
Cuando se abre la ventana en la que te veo asomar cada día en mi corazón se hace un silencio tan hondo que hace que se pare el mar, y el mundo, y que no haya aire ni para respirar.
En las últimas noches mi mirada pregunta por el regreso enamorado de aquella voz dulce que me quedó en el alma. Cuando esa voz, la tuya, se apaga se hace en mi vida otro silencio, distinto, grande, pesado, inexpresivo, un largo silencio duro y concreto, el silencio de las cosas pequeñas.
Oírte en la madrugada, al despertar, me embriaga. Son esas seis horas construidas con una arquitectura distinta, talladas con la misma sustancia de los cuentos, los que hacen que cada día parezca hermoso.
De ti me fascina que no le tienes miedo a la ternura.
Me gusta saberte cargado de secretos, y que quieras enseñarme el mundo con esa ternura que sólo parece posible por amor...
Y dicen que con amor hasta morirse es bueno...
Me gustaría que me amaras de sobra para despertarme de amor cuando me haga la dormida.
Si no fuera por los amaneceres...
Mil besos
Si no fuera por los amaneceres que disfrutamos, por esos momentos de soledad compartida, esta historia no existiría.
Lo cierto es que la felicidad no es como dicen, es aún mejor cuando viene de las palabras que me escribes, y que se quedan sonando en mis oídos.
Siempre me han dicho que he de desconfiar, en principio, de las cosas que me hacen feliz, por eso no he de entregarte aún ni mis besos ni el pedazo de mi corazón en el que ahora vives.
Lamento pasarme la vida sacándole el cuerpo a la realidad, intentando no dejarme llevar con esas alas de ángel bueno de los sueños que se parecen demasiado a esta verdad que me asusta.
Cuando se abre la ventana en la que te veo asomar cada día en mi corazón se hace un silencio tan hondo que hace que se pare el mar, y el mundo, y que no haya aire ni para respirar.
En las últimas noches mi mirada pregunta por el regreso enamorado de aquella voz dulce que me quedó en el alma. Cuando esa voz, la tuya, se apaga se hace en mi vida otro silencio, distinto, grande, pesado, inexpresivo, un largo silencio duro y concreto, el silencio de las cosas pequeñas.
Oírte en la madrugada, al despertar, me embriaga. Son esas seis horas construidas con una arquitectura distinta, talladas con la misma sustancia de los cuentos, los que hacen que cada día parezca hermoso.
De ti me fascina que no le tienes miedo a la ternura.
Me gusta saberte cargado de secretos, y que quieras enseñarme el mundo con esa ternura que sólo parece posible por amor...
Y dicen que con amor hasta morirse es bueno...
Me gustaría que me amaras de sobra para despertarme de amor cuando me haga la dormida.
Si no fuera por los amaneceres...
Mil besos
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